Necrología de Jyri Antero Jaakkola

Jyri nació en la ciudad de Joensuu (el Este de Finlandia) el 11 de febrero de 1977 y murió el 27 de abril de 2010 en San Juan de Copala (Oaxaca, México) donde fue asesinado por los paramilitares.

Jyri era un activista de derechos humanos finlandés. Él trabajaba por la justicia y la equidad en la asociación "Uusi Tuuli" (Nuevo Viento) que mantiene el barco de vela Estelle para promocionar el comercio justo a beneficio de los pueblos indígenas y los pequeños productores. También trabajaba como voluntario en el movimiento por el comercio justo, por ejemplo en la tienda "Aamutähti" (Estrella de la Mañana) y en la red News! (Red Europea de Tiendas del Comercio Justo) en Holanda. Además, actuaba para promover la democracia asamblearia directa y la igualdad global, por ejemplo en la red "Hyökyaalto" (Maremoto). Estudió en la universidad de la ciudad de Turku, en la costa, pero pronto se percató que esa forma de educación no era para él. Pensó que lo necesitaban más en el trabajo solidario internacional, a favor del comercio justo, la paz y la comprensión entre los pueblos; ya sentía de forma muy profunda la injusticia que permitía a unos cuantos acceder a la educación gratuita y exclusiva. Es decir, sólo la gente europea, de clase media y blanca.

El trabajo y las visiones de Jyri para mejorar el intercambio solidario entre el Sur y el Norte tuvieron un impacto decisivo en varios proyectos de navegación del Estelle pero especialmente en el que se llevó un cargamento a Angola. Jyri fue conocido por su dedicación y energía, se familiarizó con los pueblos de los países en vías de desarrollo como Angola, devastado por la guerra, y con los campesinos pobres de Bangladesh, así como con los pueblos indígenas de México.

Jyri encontró en sus viajes la realidad insegura del Sur en la cuál la mayoría de la gente está obligada a vivir bajo de la dominación política y comercial de los países occidentales. Jyri no aceptaba el abuso de poder que los países industrializados han ejercido por medio de la fuerza sobre el resto del mundo durante los últimos 500 años, destruyendo al mismo tiempo los patrimonios culturales de otros pueblos. Para Jyri, la liberación de las relaciones de poder era una condición esencial de la libertad.

El pensamiento social anarquista y antiautoritario formaba una gran parte de la vida de Jyri. Él no trataba esos temas solamente en sus escritos sino que también llevaba a la práctica sus ideales en su vida cotidiana, usando, por ejemplo, los productos agrícolas biológicos comprados coletiva y directamente de los productores locales, actuando en varios colectivos y respetando sus ideales en cualquier relación diaria.

Jyri fue siempre consciente de las condiciones de inseguridad en las cuáles la mayoría de las personas del planeta están obligadas a vivir, a causa del sistema que privilegia a los habitantes de los países ricos. Él creía que la verdadera solidaridad consiste en ponerse en el lugar de las personas y compartir la vida con ellas. Siempre se esforzó en crear una actitud positiva para enfrentar la cruda e insegura realidad en la que vive la mayoría de la gente y logró hacernos entender que los que más sufren se encuentra en el hemisferio Sur.

Jyri creía en el entendimiento mutuo, en la cooperación entre los pueblos y las personas, y particularmente admiraba a las comunidades indígenas que han sabido ser fieles a sus tradiciones y forma de vida a través de los siglos, y que a pesar de los embates a su identidad y costumbres, continúan luchando por preservar sus tradiciones y formas de vida.

Jyri siempre buscaba compartir los momentos de la alegría y la tristeza con las personas que igual que él luchaban por una vida digna para todos. Deseaba aprender de las organizaciones y las comunidades indígenas experiencias que pudieran ser aplicadas en Finlandia y enriquecer las organizaciones de su propia tierra. En la primavera del 2010 Jyri trabajaba en Oaxaca para su asociación Uusi Tuuli (Nuevo Viento) y también para organizaciones mexicanas, con el fin de promover el respeto de los derechos de autodeterminación de las comunidades indígenas, así como la promoción de las condiciones que les permitieran una alimentación autosuficiente y sostenible.

Jyri formó parte de una campaña global que busca tanto condiciones de equidad para todos los pueblos así como justicia para los afectados por el cambio climático que sufre nuestro planeta.

Con este propósito, su objetivo era el de brindar apoyo a la comunidad autónoma Triqui de San Juan Copala que se encuentra cercada en este momento por organizaciones paramilitares. Cuando el convoy del cual Jyri formaba parte, se acercó a la región de San Juan Copala, éste quedó bloqueado. Los grupos paramilitares atacaron a la caravana y asesinaron a tiros a la activista Beatriz Alberta Cariño y al mismo Jyri. Otros integrantes del convoy fueron lesionados gravemente durante la agresión. El ataque fue realizado por una organización paramilitar apoyada por el gobernador de Oaxaca Ulises Ruiz, quien es militante del PRI. La emboscada tuvo lugar el pasado 27 de Abril a manos de la “Unión del Bienestar Social de la Región Triqui” también conocida por sus siglas como Ubisort.

Hemos puesto en conocimiento de las autoridades del estado de Oaxaca, así como del gobierno federal de México, que ellos son los responsables de la seguridad de las carreteras y vías públicas del país, las cuales debe ser posible utilizar de forma segura para hacer llegar la ayuda humanitaria que destinada a la comunidad Triqui. El hecho de que las autoridades del gobierno de Oaxaca permitieran a los paramilitares bloquear y aterrorizar a la comunidad indígena de San Juan Copala a través de los hechos violentos pasados, pone en entredicho la voluntad del gobierno estatal y federal de cumplir con los acuerdos y convenios de derechos humanos de los cuales es signatario México.

La comunidad Triqui es de poco menos de 800 personas y han sido recientemente asesinadas 26 personas en la zona. Desde Enero pasado, los niños se ven imposibilitados de asistir a clases escolares, el suministro eléctrico ha sido interrumpido y la comunidad no cuenta con agua potable para atender a la población o para suministrar ninguna clase de asistencia médica. A los asesinatos de Jyri y Beatriz se han sumado el asesinato del líder de la comunidad Triqui y su esposa, además de las agresiones y disparos dirigidos durante el día y la noche a la comunidad Triqui. Esto en conjunto hace que el cerco de violencia del cual es blanco la comunidad Triqui tome dimensiones de genocidio.

En memoria de Jyri y su afán de justicia estamos obligados tanto nosotros, como las sociedades civiles y gobiernos de Finlandia, La Unión Europea y México así como las Naciones Unidas, a cumplir el compromiso de devolver la paz, velar por los derechos humanos y garantizar el acceso a un estado democrático y justo para la comunidad de San Juan Copala a través de las siguientes medidas.

El recuerdo de Jyri Jaakkola nos obliga a trabajar por un cambio en la economía mundial, el comercio y las estructuras de nuestra sociedad para que funcionen por la tierra y su vida y por los derechos de todos los habitantes del planeta.

Se debería usar y tratar la tierra, el agua, los bosques, el aire y la diversidad de vida en cada región según las decisiones tomadas a través de la democracia directa en las comunidades autonómas locales, llevándolas a cabo con la sabiduría de las comunidades sobre los ciclos de la naturaleza.

 

Uusi Tuuli ry / Estelle & y la red ”Friends of Jyri Jaakkola

 

 

Jyri el caminante

Tatjana Markus recuerda a su compañero:

 

Jyri llegó a Oaxaca con una mirada clara, corazón abierto y gran deseo de aprender, observar, compartir, disfrutar y regocijarse de las bellezas de la vida, el poder del compañerismo, la magia de la interacción. Vino a Oaxaca con dos oídos como conchas de mar, sus ojos como dos cámaras y su corazón abierto y listo para dar y recibir. Vino como un caballero andante pero sin caballo, armadura ni pretensiones. Enamorado de la vida. Vino a Oaxaca como un hombre despierto. Para él no había fronteras geográficas o culturales, ésas que la nación Estado nos impone. El sufrimiento de un hermano o hermana en cualquier parte del mundo era suyo, y el sistema del diablo era el mismo en todas partes. Las balas no tienen nacionalidad, como tampoco el amor y la camaradería.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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